En los procesos de coaching, hay una palabra que aparece con frecuencia y que merece atención: “Debería”
“Debería ser más constante.”
“Debería estar más presente con mi familia.”
“Debería hacer ejercicio.”
“Debería haber terminado ese proyecto.”
“Debería poner límites.”
A veces, estos “deberías” son juicios internos y mandatos que nos desconectan de nuestros deseos reales. Otras veces, son tareas que sabemos que queremos o necesitamos hacer… pero que seguimos postergando. En ambos casos, tienen algo en común: nos restan energía.
Dos formas en que los “deberías” nos afectan:
1. Como exigencias internas
Son frases que nos decimos desde la autoexigencia o el ideal de cómo “deberíamos ser”. Suelen estar cargadas de culpa y rigidez.
Nos conectan con lo que “falta” en lugar de con lo que ya somos.
Vienen de creencias aprendidas, no siempre conscientes.
Nos alejan del presente y nos desconectan de nuestras verdaderas necesidades.
2. Como cosas pendientes
A veces no son creencias, sino acciones concretas que vamos aplazando: hacer ejercicio, revisar las finanzas, responder un correo, pedir una cita médica…
Aunque no sean urgentes, ocupan espacio mental.
Se acumulan y generan una sensación constante de “estar en falta”.
Nos hacen sentir culpables y saturadas o saturados, incluso cuando no estamos haciendo nada.
¿Cómo trabajamos los “deberías” en coaching?
1. Escucharlos sin juicio.
Todo “debería” encierra un mensaje. La clave es observarlos con curiosidad, no con culpa.
Pregunta:
¿Este “debería” viene de mí o es una expectativa externa?
¿Realmente quiero/puedo hacerlo ahora?
2. Transformarlos en decisiones.
Si es una tarea pendiente: ¿Es importante para mí? ¿Qué pequeño paso puedo dar hoy?
Si es una exigencia interna: ¿Desde dónde me hablo así? ¿Puedo cambiar el “debería” por un “elijo”?
3. Liberarte de lo que ya no va contigo.
No todo “debería” merece tu energía. Algunas cosas es mejor soltarlas, con conciencia.
4. Cerrar lo abierto.
En coaching, solemos revisar esos temas que llevan mucho tiempo dando vueltas. Nombrarlos, priorizarlos o descartarlos ayuda a recuperar foco y ligereza.
Vivir llena o lleno de “deberías” es vivir con una mochila que nunca se vacía. A veces, basta con revisar, elegir y actuar desde el compromiso, no desde la culpa.
No hagas las cosas porque deberías. Hazlas porque eliges hacerlo, o suéltalas con consciencia.

